San Agustín, Matrimonio y Sexualidad, en El pensamiento de San Agustín para el hombre de hoy, Valencia 2010 (Tomo III, 601-649)
¿Cuál sería la reacción de san Agustín si volviese al mundo en este comienzo del tercer milenio, y tuviera que valorar la actitud moderna hacia el matrimonio y hacia la sexualidad humana?
Creo que constataría, con sorpresa o sin ella, dos fenómenos que (si bien con otros matices) él experimentó en su tiempo; dos actitudes que combatió; dos valoraciones, aparentemente situadas en polos opuestos y sin embargo íntimamente relacionadas entre sí.
Minusvaloración del matrimonio; exaltación del sexo
Nadie ha puesto jamás en duda la genialidad del pensamiento de San Agustín. Algunos, sin embargo, mantienen que no era ajeno a un toque de pesimismo, especialmente por lo que se refiere a la sexualidad humana, y que la influencia posterior de Agustín - proporcionada a su genialidad - habría marcado la doctrina de la Iglesia, hasta nuestros días, con una ética sexual defectuosa y negativa. Tal juicio - en mi opinión - no es justo ni con San Agustín, ni con la doctrina católica sobre la moral sexual.
En la Iglesia hoy día, hay muchas personas cuya fe es muy débil, o aparentemente no-existente. Unos todavía se clasificarían formalmente como católicos, aunque su práctica religiosa es muy deficiente según lo que podría llamarse parámetros tradicionales. Raramente reciben los sacramentos, sólo de vez en cuando asisten a la iglesia, no son desde luego "de Misa dominical". Otros, quienes también fueron bautizados en la Iglesia, no practican en absoluto, y de hecho tienden a hablar de sí mismos como "no-creyentes".